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martes, 15 de marzo de 2016

CONFESIONES DE UNA MADRE: SU REAL MAJESTAD PARA EL RECUERDO Y UNA DECISIÓN MUY MEDITADA

Hace unos días una más que amiga mía, a la que quiero como si fuese mi hermana, me propuso que en el blog no solo contara lo bondadosa que puede ser la gente, sino también la otra cara de la realidad: los momentos malos, la gente no tan buena, etc
Realmente y si echo la mirada atrás, algunas situaciones pasadas no fueron, en su momento, de mi agrado. Por ejemplo, ahora recuerdo que hace un par de años, en pleno julio, mi marido aceptó realizar, durante 15 días, una suplencia como conserje en una comunidad de propietarios. 
Para entonces él ya había adquirido un glorioso compromiso: 125 euros por sacar cada tarde, a las seis en punto, los cubos de basura de otra comunidad.
Por supuesto, no estaban exentos los sábados y domingos que tenían, incluso, un horario más comprometedor porque no sólo había que sacarlos a las seis de la tarde, sino también meterlos de nuevo a las 10 de la mañana ambos días.
Era evidente que con su nueva propuesta laboral ya no podía cumplir con ello así que, pensando en el horroroso derroche monetario que se nos venía encima en septiembre (libros, uniformes, etc..) y que nos machacaría cual apisonadora, decidimos que yo misma acometería esa valiente misión de lunes a viernes en compañía de mis fieles secuaces, o sea, las niñas mientras que él se ocuparía de ello los sábados y domingos.
Durante todo ese tiempo ellas y yo, sobre todo yo como madre, fuimos completamente conscientes de que nuestra única salida a la calle consistía en ese largo caminito, a pleno sol, hacia el cuartito maloliente y cucarachil de basuras de la susodicha comunidad.
Y sí, digo cucarachil porque allí nos recibieron, más de una vez, su Real Majestad y su séquito escondidas, a traición, en los rincones más inverosímiles.
Aunque con cada una de ellas yo tragaba saliva y rondaba por mi cabeza el modo más rápido de salir huyendo sin privarme en absoluto de gritar a mi entero capricho, la visualización de los futuros billetes que íbamos a conseguir, si a pesar de nuestra repugnancia lográbamos realizar nuestro cometido, me hizo comportarme como si fuese ese otro tipo de personas capaces de dar un certero pisotón a un feo y vil bichejo sin tan siquiera despeinarse o pestañear.
Durante el mes de Julio acudimos día tras día repitiendo la misma maniobra: unos 5 minutos para abrir la puerta de la calle de la comunidad que se atascaba; otros 10 minutos para abrir la desvencijada cerradura del garaje que amenazaba con saltar al suelo y otros tantos tratando de intuir, a oscuras, dónde se esconderían las "malignas" mientras atinábamos a abrir la tercera puerta, correspondiente al cuartito de basuras y encender, con mano temblorosa, el interruptor de la luz. 
Pero pudimos con todo, actuamos como el mismísimo Indiana Jones haciendo frente, con rebelde cabezonería, a nuestros enemigos, en este caso, a tres cuasi-inaccesibles puertas y sus oscuros habitantes.

Y de todo esto, hoy nos podemos reír y recordarlo con cariño.

Sin embargo, hay otro tipo de situaciones que, aún con el paso del tiempo, no me arrancarían ninguna sonrisa. Son ese tipo de situaciones que te desbordan, que te hacen sentir impotente y a las que hay que poner freno. Así que en base a ello y a no vernos coaccionadas por nadie en particular, para que nadie nos exija las donaciones como una obligación, en lugar de como una ayuda, hemos decidido limitar el número de peticiones por persona, independientemente de que haya muchas peticiones o casi ninguna porque de otro modo, se sucederían las constantes solicitudes y su correspondiente entrega para una misma y única persona y esto distaría mucho de ser ni ético ni justo.
Así que os dejo con una ilustrativa foto para el recuerdo y con una decisión forzosa pero muy meditada. 




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